miércoles, 8 de julio de 2020

Diario de un profesor peliculero (25): del amor contrariado y siempre amenazado de muerte

Me gusta mucho la escena de amor que hay en la película, al final, la última escena (o sea, que de nuevo spoiler). Por cierto, acompañada de una sensacional música de Vangelis. Esta:


Qué pasó entre Rick Deckard y Rachael antes de 'Blade Runner 2049'?La Tyrell Corporation fabrica replicantes. Es la creadora de esos ejemplares que se han rebelado y vuelto a la tierra en busca de su creador. Se han mezclado con los seres humanos y es difícil encontrarlos. A León se le identifica como humano por el test de Voight-Kampff, una serie de simulaciones por las que se mide el grado de empatía de alguien y, en consecuencia, su humanidad. Es una ficción, naturalmente, pero con cierta base científica. No obstante, no está claro si el fundamento es el célebre test de Turing o los trabajos de psiquiatría de Carl Gustav Jung.

No es el único. De Roy Batty (Nexus 6) ya hemos hablado, es un líder, un comando de élite. Zhora (trabajadora sexual) es identificada gracias a una marca de fábrica, algo imposible en un humano. También tenemos a Pris, una modelo básica de placer, que muere entre estertores, aferrándose a la vida. Pris está descubriendo, en su simplicidad estructural, las dificultades de los seres humanos en la vida diaria. Pris conoce a Sebastian, un solitario que fabrica juguetes para que le den la bienvenida cuando llega a un edificio en el que sólo parece vivir él. Pris se acomoda a él, desarrolla un afecto que también tiene algo de búsqueda de protección. Nuevamente los confusos límites sentimentales. Pris es débil, pero próxima, amigable. Como todos los seres humanos, precisa ser querida y aceptada. Sin embargo, es una replicante, pertenece al grupo de los rebeldes y, como el resto, ha de ser retirada.

Mención especial merece Rachel. Es un modelo extraordinariamente elaborado, la última generación de los replicantes, casi tan humana como los humanos. Recibe a Deckard, lo trata con cierto desdén. Acepta ser sometida al test en el que se muestra incluso desafiante. Pero es una máscara: Rachel sospecha su condición y, como el resto, busca una memoria, un pasado que le construya una identidad. Por eso hay esa obsesión por las fotografías, por los recuerdos. Hume sostenía que es imposible demostrar la identidad, que no es más que una suma de recuerdos cosidos con un hilo supuesto e invisible -por lo tanto, supuesto-. La memoria es lo que somos aunque ya no lo seamos, no somos sin memoria. La memoria, lo que hemos sido, incluso con sus lagunas y con sus falsos recuerdos (la mente embellece, disimula el dolor), es lo que nos constituye.

Rachel casi se sabe humana. Y Deckard casi la acepta como tal. Cuando interroga a Tyrell al respecto, él le contesta que está empezando a sospechar que es una replicante. Tyrell la ha hecho casi perfecta, a imagen y semejanza de Dios, de él. Pero los seres humanos tenemos algunas instrucciones defectuosas, una falta de conformidad con lo que somos, un desafecto hacia el creador, al que exigimos más que lo que nos va a dar. Incluso los que no aceptan lo sobrenatural: qué difícil es anclarse en la finitud, como decía Tierno Galván en aquel librito delicioso, ¿Qué es ser agnóstico?

Pese a ello, hay una bella historia de amor entre Rachel y Deckard. Una historia hecha de aceptación de la fragilidad, de esperanza y desesperación. En la última escena de la primera versión (hay otra, que da una vuelta de tuerca a la historia y que no termina igual) vemos a Rachel con el policía. La vemos absolutamente humana, frágil y entregada. La vemos desmontar ese aparataje capilar que lucía y dejar su pelo suelto y libre. La vemos con la mirada enamorada y angustiada, necesita que la quieran y que la ayuden. Algo parecido a la mirada de él. Los dos saben que su amor tiene fecha de caducidad. Parafraseando una escena anterior, ¿cuánto tiempo les queda?

Excalibur - Película 1981 - SensaCine.com
Las grandes historias de amor que nos ha dado la literatura, que tiene bastantes más siglos de experiencia contando historias que el cine, son siempre historias trágicas. ¿A quién le importa cuánto pagan de hipoteca los primos que se casaron el año pasado? Cada una de las parejas que compran en el híper el viernes por la tarde tienen una historia detrás, tan vulgar y tan extraordinaria como la de cada uno, con sus luces y sombras, con sus lavadoras, sus discusiones, sus aversiones a la familia política o sus cumpleaños con barbacoa. Pero luego tenemos a Tristán e Isolda, a Ginebra y Lanzarote, a Romeo y Julieta, incluso más cercanamente a los amantes de Teruel. Siempre historias trágicas, transidas de muerte y de imposibilidad de plenitud eterna. En Excalibur (John Boorman, 1981) tenemos un excelente ejemplo: el rey Arturo ha descubierto la infidelidad de su esposa con su mejor caballero. Los persigue y los encuentra en el bosque. Están desnudos y abrazados. Puede matarlos pero no lo hace, simplemente clava entre sus cuerpos la espada. Al despertar la encuentran: su horror simboliza la imposibilidad de ese amor eterno; al contrario, su relación siempre estará empedrada de contrariedades y amenazada de muerte. Este es el enlace a la secuencia:


Algo similar les ocurre a Rachel y a Deckard. Es como si Luis García Montero hubiera escrito estos versos para ellos: “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi, / cruzo la desmedida realidad / de febrero por verte, /el mundo transitorio que me ofrece / un asiento de atrás, / su refugiada bóveda de sueños”. Rachel y Deckard no dudan. O sí, pero deciden apostar por un futuro incierto, repleto de preguntas y amenazado por Excalibur, que en este caso es la caducidad impuesta por Tyrell. Pero son humanos. Ambos, como cualquier humano, se empeñan en un amor que seguramente terminará pronto, o bien por la muerte programada de Rachel o bien por lo que mueren las pasiones iniciales de tantas parejas: vida corriente, demasiadas expectativas, romanticismo tóxico, dependencia afectiva, pobreza, fatiga existencial, otras personas, crisis de los treinta, cuarenta o cincuenta… La vida corriente es muy dura, una prueba para el amor a la que no todos sobreviven. Nos llenan la cabeza de pájaros, nos hacen creer en un amor eterno y para siempre, prometemos ante oficiantes actitudes y acciones que en algunos casos no podremos o no querremos cumplir al cabo de los años.

📖 El Arte de Amar por Erich Fromm ❤️Sí, todo esto lo sabemos, pese a las máscaras con las que endulzamos nuestra común existencia en esta tierra. Estoy recordando una maravillosa y devastadora novela, Bella del Señor, de Albert Cohen, en la que asistimos al titánico esfuerzo de mantener en las más altas cotas su amor, terrible, tan próxima. Un amor sub specie aeternitatis.

No sabemos qué será de ellos. Apuestan por el futuro, apuestan y perderán. Pero, como dice un personaje de la novela Rayuela, de Julio Cortázar, la vida es “un juego que se pierde al final pero que ha ido bello jugar” (1). El amor, creo, es algo más que eso que decía Erich Fromm en su conocidísimo libro El arte de amar, un intento de salir del sentimiento de separatidad. No obstante, hay otra idea en el libro de Fromm que aparece sin duda en Blade Runner: “El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor” (2). Hay mucho de eso en su apuesta, en su huida. Deckard desobedece la última orden, no retira al último replicante, sino que rompe las reglas porque hay un bien mayor, para él y para ella, un bien prohibido. Huyen, seguramente con la espada de Arturo entre sus cuerpos desnudos. Humanos, demasiado humanos.


(1) Julio Cortázar: Rayuela, ed. Seix Barral, Barcelona, 1984, p. 475.

(2) Erich Fromm: El arte de amar, ed. Paidós, Barcelona, 1977, p. 39.



Sobre la relación del test de Voight-Kampff con Turing:

Sobre la relación del test de Voight-Kampff con Jung:

Luis García Montero lee su poema:
https://www.facebook.com/InstitutoCervantesRoma/videos/1520906067972857/



Procedencia de las imágenes: 
https://www.cinemascomics.com/deckard-rachael-blade-runner-2049/
http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-39179/
https://jesuserro.com/libros/arte-amar-erich-fromm/


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