domingo, 18 de octubre de 2020

Sobre la tolerancia (reflexión a propósito del asesinato de Samuel Paty, profesor).

Asisto estupefacto y horrorizado al último crimen de los fundamentalistas. Es innecesario decir que todos los asesinados merecen el mismo reconocimiento y sus asesinos la misma reprobación moral y sanción penal. Sin embargo, este tiene para mí algo especial: es un profesor, un colega, un compañero. 

Su crimen: haber enseñado caricaturas de Mahoma durante una clase. Por cierto, tras advertirlo y permitir que quienes fueran a sentirse ofendidos saliesen del aula. Precaución que la ley francesa hace innecesaria, pero con la que demuestra un respeto que su asesino no tuvo con él. 

Algunos condenan el asesinato e, inmediatamente, ponen detrás el "pero". Es decir, condenan flojito, condenan bajo condiciones. "No esta bien, pero él no debía haber hecho eso". Eso en tan atroz como decir que la violación está mal, pero es que ella llevaba la falda muy corta e iba provocando", o bien que el que mata a su pareja hace mal, claro, pero es disculpable porque se le cruzaron los cables al verla con otro. También los que simpatizaban con los etarras decían que matar esta mal, pero es que eran policías (concejales, españoles...). Siempre pero, asquerosa disculpa de quien no acaba de ver claro la diferencia entre una persona y sus ideas o creencias. Las personas tienen derechos, cada una de ellas. Tienen también derecho a tener creencias, por muy absurdas que nos parezcan a los demás, incluso derecho a expresarlas. Pero las ideas no tienen derechos y los seres humanos podemos discutirlas, rechazarlas e incluso hacer burla y escarnio de ellas sin que nuestra vida corra peligro.

La ofensa a los sentimientos religiosos, que aparece en pocos códigos penales (en el nuestro sí) es un delito borroso, porque no recurre a un hecho objetivo, sino a cómo reacciona una persona o un grupo ante algo que no le gusta. Así, y solo son ejemplos, un vegetariano tiene todo el derecho a no comer carne, pero no tiene demasiado derecho a ofenderse porque los demás comamos un bocadillo de bacon crujiente. Un judío no comerá cerdo, pero sus amigos cristianos sí pueden hacerlo e incluso discutir con él al respecto; obviamente, si la discusión es sobre cuestiones nutricionales, encontraremos puntos de acuerdo, pero si el fundamento es la trascendencia, la única posibilidad de acuerdo es compartir la creencia. Y sobre creencias no se puede edificar conocimiento objetivo.

Quiero decir con todo esto que la mayoría de la gente tiene clara la diferencia entre lo que todos debemos aceptar y lo que solo comparten algunos. La convivencia en sociedad es difícil, precisamente porque somos distintos en casi todo. Decía el filósofo francés André Comte-Sponville que la democracia no consiste en la ausencia de problemas, sino en la resolución no violenta de esos problemas. Somos distintos en casi todo, insisto. Únicamente hay un código moral universal, se llama Declaración Universal de los Derechos Humanos. Está aceptada por todos, independientemente de su procedencia o religión. Otra cosa, claro, es su cumplimiento.

Y resulta que esa DUDH consagra en su artículo 3 el derecho a la vida. Resulta también que todo código penal sanciona los asesinatos con mayor o menor rigor. Por último, todas las religiones que conozco coinciden en al menos tres puntos: se prohíbe mentir, robar... y matar.

Así que, quien mata en nombre de Dios comete un delito, una atrocidad moral y un pecado contra el Dios que dice proteger. Aquí no hay excepciones. Solo a titulo de ejemplo, el quinto mandamiento del Decálogo de Moisés dice esto: "No matarás". No hay excepciones ni peros. Creo que lo mismo ocurre en otras religiones. Luego están, claro, los que interpretan a su antojo y bajo sus intereses lo que dice esa religión de la que tan fieles se muestran...

Samuel Paty era un profesor de Historia. Explicaba lo que era la libertad de expresión. Lo mataron. También es un tema que abordo en mis clases de Valores éticos, tal y como me manda la ley española. Era uno de lo míos, uno como yo. Yo no blasfemo, ni dentro ni fuera de clase. Soy respetuoso con todas las religiones (en Valores hay mucha variedad de ellas e incluso son alumnos míos los que no tienen ninguna), siempre que, como les digo a mis estudiantes, no vayan contra la DUDH y las leyes vigentes. Se trata de convivir, eso es difícil, y cualquier creencia tiene que respetar la ley, aunque no le guste. No hay convivencia sin ley.

El último día de clase, lo recordaréis los de 1º de la ESO, estuvimos hablando de las virtudes. Entre ellas la de tolerancia. Os dije que no es indiferencia y tampoco aceptación de los que son iguales que nosotros. Al contrario: se tolera al distinto, incluso al opuesto. Una sociedad tolerante es aquella en la que podemos vivir con "anchura", es decir, sin miedo a ser perseguidos por nuestras diversas creencias. Eso exige un marco común de convivencia al que llamamos ley (moral y jurídica). Y esa ley impide matar. En cualquier circunstancia y sin ningún pero que atenúe la gravedad del hecho y disculpe al asesino.


Me me acordado de que hace unos años, un comando integrista mató por lo mismo a unos periodistas del semanario Charlie Hebdo. En el funeral de uno de ellos sonó la canción que enlazo abajo, canción que en muchos lugares del mundo -muy especialmente en Italia- es un himno de libertad.

Descansa en paz, citoyen, copain: Samuel Paty. Fuiste -como yo, como tantos- un hijo de la Ilustración, de Voltaire, de Locke, de Kant, de la Enciclopedia. Que las luces que trajo la Ilustración ("Sapere aude!") no se borren de la faz de la tierra, pese al empeño atroz de los iluminados.


https://www.youtube.com/watch?v=RzF47R_LnEg



Procedencia de la imagen:

https://www.20minutos.es/noticia/4420765/0/samuel-paty-profesor-decapitado-francia-ensenar-caricaturas-mahoma-clase/


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