
Hoy he visto La tregua (Franceso
Rosi, 1997), que narra muy libremente el segundo texto de la llamada
Trilogía de Auschwitz, y que sigue a Si
esto es un hombre y antecede a Los
hundidos y los salvados. El primero
de ellos es uno de esos que utilizamos en 1º de Bachillerato; os advierto
siempre de que os va a impresionar, pero no porque sea una crónica de horrores
(lo morboso despierta curiosidad, demasiada), sino porque es uno de los mejores
tratados de la naturaleza humana que he leído. Supongo que casi todo el mundo
conoce la historia: un joven químico italiano, partisano de origen judío, es
capturado y entregado a las tropas alemanas, que lo envían a Auschwitz. Su
estancia de algunos meses allí constituye el primero de los libros, que
escribió inmediatamente a su regreso a Turín, entre diciembre de 1945 y enero
de 1947. Quince años después escribió La tregua, que fue llevada al cine medio
siglo más tarde.
Veo la película y me gusta y no. Me explico. El actor, John
Turturro está extraordinario, siempre lo está. Te lo crees desde la primera
escena a la última. Sin embargo, algo que rechina es el aspecto que presentan
los prisioneros supervivientes e incluso la limpieza absoluta que presentan las
gafas del prisionero y que ya quisiera para mí. Me gusta pero le hago algunas objeciones.
En primer lugar, se ajusta poco al libro, que muestra las peripecias de Levi y
sus compañeros a su regreso por Europa central. Esto apenas ocupa unos minutos
en la película de Rosi, al final, aun cuando es el eje del libro. Sin embargo,
se recrea mucho en su estancia en Ucrania, en un tiempo de nadie, a la espera
del retorno. Podría haber materia cinematográfica, pero creo que se
desaprovecha y ahonda poco en los personajes, incluso en ese personaje, una mujer con la
que parece que tiene una relación Levi, una mujer a la que defiende por su
colaboracionismo horizontal, algo que vemos también en otras películas, en
algunas de refilón (Casablanca,
Michael Curtiz, 1942) y en otras como tema central (La lista negra, Paul Verhoeven, 2006). Pero esa historia lateral,
como otras, es abandonada antes de ser desarrollada.
Hay al final de la película una escena significativa, aunque
no sé si muy realista, que remite a una cuestión filosófica, religiosa y sociopolítica:
el perdón. Veamos: los prisioneros regresan a casa y hacen un alto en Munich,
cuna del nazismo. Allí ven a unos soldados alemanes, seguramente prisioneros
ya, obligados a trabajar en la reparación de las vías. Levi baja del tren se
acerca a ellos y se detiene, uno de ellos se yergue orgulloso ante él y entonces Levi mueve hacia un lado su prenda
de abrigo y podemos ver el traje de prisionero y allí su triángulo amarillo y
rojo y su número: 147517 (por cierto, lo único que hay en su tumba: ese número).
El soldado nazi se arrodilla y agacha la cabeza. Está reconociendo su error
genocida, pidiendo un perdón imposible.
El asunto del perdón remite a otro problema: el de la culpa.
¿Quién fue culpable? ¿Alemania? ¿El pueblo alemán como totalidad? ¿Los nazis?
¿Los que callaron cuando pudieron hablar? ¿Los que callaron porque hablar les
hubiera costado caro? No es lo mismo una culpa individual, generada por un acto
igualmente individual, más o menos libre, que genera un daño en alguien, que
una culpa colectiva. A veces se acusa a pueblos enteros, a países, incluso a
culturas transestatales, de culpas pretéritas: a España por la conquista/descubrimiento
de América, a toda Europa por el colonialismo de los siglos XIX y XX, al hombre
blanco por el racismo histórico, a los varones por el patriarcado, etc.
Es difícil determinar cuánta razón hay en cada caso. Lo que
me interesa aquí es que un país, Alemania, desarrolló este sentimiento de culpa
a lo largo de al menos dos generaciones. Recuerdo la primea vez que fui a
Alemania (ya unificada, en 1993), tuvimos que atravesar un cementerio y vi en
un rincón suciedad y maleza, abandono. Pregunté y me dijeron que es que allí
estaban enterrados los soldados de la Segunda Guerra Mundial. Unos años antes,
una amiga de la RFA, me dijo que ellos sí sentían que no eran iguales a los
demás países, que la ruptura tenía sentido en su imposición porque ellos habían perdido la
guerra.

Estoy recordando que el
premio Nobel de literatura Günter Grass publicó pocos años antes de su muerte
sus memorias. En ellas revelaba que perteneció a las Waffen-SS con 17 años. El
escándalo fue mayúsculo. De lo mismo se acusó al filósofo Karl-Otto Apel, a
tantos…
Creo que iba a hablar de
cine en esa serie de posts. Mañana me ceñiré algo más a esa exigencia.
Entrevista con Primo Levi:
https://www.youtube.com/watch?v=ypjbsI5Py-k
Otros materiales sobre Primo Levi (no todos en español):
https://www.youtube.com/watch?v=LyKwd4j9aWw
https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventura-del-saber-primo-levi/5391374/
https://www.youtube.com/watch?v=i-jDkOXlpi8
https://elpais.com/cultura/2015/12/30/actualidad/1451501559_671165.html
http://primolevicenter.org/primolevi/
Procedencia de las imágenes:
https://www.filmaffinity.com/es/film320679.html
https://www.filmaffinity.com/es/film247709.html
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